Buscar
Poema de la semana Vol. 02

«¿Quién? ¿Quiénes? Nadie»: Rosario Castellanos y los 130 mil desaparecidos que México no quiere contar

En 1968, el Estado barrió la plaza. En 2026, la ONU declara 130 mil desapariciones «una herida abierta». El poema de Castellanos sigue siendo el parte diario.

Por Redacción Pluma de Quetzal ·
Recuerdo, recordemos. / Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca / sobre tantas conciencias mancilladas.

La obra

Título
Memorial de Tlatelolco
Autoría
Rosario Castellanos
Año
1972
País
México
Publicado en «En la tierra de en medio» (1972), escrito como respuesta a la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968.

El hilo con el presente

Volker Türk declara desapariciones en México «una herida abierta»

El Alto Comisionado de la ONU visitó México del 19 al 22 de abril de 2026 y declaró las más de 130 mil desapariciones como «el desafío más grave y doloroso» en derechos humanos. El Comité contra la Desaparición Forzada activó por primera vez el Artículo 34 de la Convención Internacional.

El 2 de octubre de 1968, el ejército mexicano abrió fuego contra una concentración estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas. Al amanecer, la plaza había sido lavada. Los periódicos hablaron del clima. Los cadáveres desaparecieron. Rosario Castellanos escribió el poema que el Estado no quería que existiera: un memorial donde la palabra "nadie" se convierte en la acusación más feroz contra un poder que borra a sus muertos. Cincuenta y ocho años después, Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, visitó México y declaró que las desapariciones son "una herida abierta". La cifra oficial ya supera los 130 mil. La pregunta de Castellanos —"¿Quién? ¿Quiénes? Nadie"— no es historia. Es el parte diario.

El poema

La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.

Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.

Y a esa luz, breve y lívida, ¿quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en la radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres,
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa:
a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordemos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.

Recuerdo, recordemos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.

— Rosario Castellanos, En la tierra de en medio (1972)

Una poeta que no podía quedarse callada

Rosario Castellanos (1925-1974) creció en Comitán, Chiapas, entre comunidades indígenas cuya marginación marcó toda su obra. Fue filósofa, narradora, ensayista, diplomática y una de las voces feministas más importantes de América Latina antes de que el feminismo tuviera nombre en México. Escribió sobre los que el poder prefiere invisibles: las mujeres, los pueblos indígenas, los disidentes. Cuando el Estado masacró estudiantes en Tlatelolco, Castellanos hizo lo que siempre hacía: nombrar lo que el poder quería silenciar.

"Memorial de Tlatelolco" no es un poema de protesta convencional. No grita. No agita puños. Hace algo más subversivo: documenta la mecánica del encubrimiento. "La oscuridad engendra la violencia / y la violencia pide oscuridad" — la primera línea ya describe un sistema, no un evento. El crimen necesita noche. El poder necesita silencio. Los periódicos necesitan hablar del clima.

De la Plaza de las Tres Culturas a las fosas clandestinas

En 1968, el gobierno de Díaz Ordaz negó la masacre. Dijo que los estudiantes dispararon primero. Barrió la plaza antes del amanecer. Controló la prensa. La cifra oficial de muertos fue ridícula — veinte, treinta — mientras testigos hablaban de cientos. "No busques lo que no hay: huellas, cadáveres" es, simultáneamente, la voz del Estado borrando evidencia y la ironía de Castellanos señalando que esa ausencia es la prueba más contundente del crimen.

El 22 de abril de 2026 — hace un día — Volker Türk cerró su visita a México con un diagnóstico que Castellanos habría reconocido al instante: las desapariciones son "una herida abierta", "el desafío más grave y doloroso" en derechos humanos. La cifra oficial supera los 130 mil personas desaparecidas o no localizadas. Amnistía Internacional reportó un incremento del 10.5% solo en 2025. Hay más de 52 mil cuerpos sin identificar en los servicios forenses. Y el gobierno responde con la misma herramienta de 1968: el rechazo. Cuando el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU activó el Artículo 34 — un mecanismo reservado para emergencias extremas, usado por primera vez en la historia de la Convención — México lo rechazó frontalmente.

"No hurgues en los archivos pues nada consta en actas." Castellanos escribió eso en 1972. Las familias que buscan a sus desaparecidos en 2026 podrían suscribirlo hoy: expedientes incompletos, fiscalías saturadas, 99% de impunidad en casos de desaparición. La plaza ya no se barre con escobas — se barre con burocracia.

Las buscadoras: "Recuerdo, recordemos"

El verso final de Castellanos — "Recuerdo, recordemos / hasta que la justicia se siente entre nosotros" — no es una metáfora para las madres buscadoras de México. Es una descripción literal de lo que hacen cada día. Salen con palas y varillas a buscar en terrenos baldíos, cerros y parcelas. Memorizan olores. Aprenden a leer la tierra. Recuerdan los nombres que el Estado olvidó registrar.

En 2025, seis integrantes de colectivos de búsqueda fueron asesinados — cuatro mujeres y dos hombres. Buscar a los desaparecidos en México puede costarte la vida. Y aun así, los colectivos crecen. Porque recordar, como escribió Castellanos, es "nuestra manera de ayudar a que amanezca".

El poema cierra con una imagen deliberadamente incompleta: la justicia que todavía no llega, pero que se invoca con el acto de recordar. No promete resolución. Promete resistencia. Es el mismo pacto que hacen las buscadoras cada mañana cuando salen a buscar en un país donde nadie les garantiza que van a encontrar, y donde el riesgo de ser la próxima desaparecida es real.

Leer este poema en 2026

Cuando Türk habla de "herida abierta", está usando lenguaje diplomático para decir lo que Castellanos dijo sin diplomacia: el Estado mexicano tiene un patrón de desaparecer personas y luego desaparecer la evidencia de que las desapareció. En 1968 fueron estudiantes. En 2014 fueron 43 normalistas de Ayotzinapa. En 2026 son 130 mil nombres en un registro que el propio gobierno admite que está incompleto — el 36% de los casos no tiene datos suficientes ni siquiera para iniciar una búsqueda.

"Pues prosiguió el banquete." Esa línea, encerrada entre paréntesis como un murmullo que no quiere ser escuchado, es quizá la más devastadora del poema. No acusa al asesino — acusa a los que siguen cenando. A los que cambian de canal. A los que ven la cifra de 130 mil y siguen scrolleando. La pregunta que Castellanos deja flotando no es quién mató, sino quién permitió que el silencio durara tanto.

Leer "Memorial de Tlatelolco" en 2026 no es un ejercicio de nostalgia literaria. Es un acto de reconocimiento: el poema describe con precisión quirúrgica un mecanismo que sigue operando. La oscuridad sigue engendrando violencia. La violencia sigue pidiendo oscuridad. Y la memoria — esa llaga que duele y por eso es verdad — sigue siendo el único instrumento que las familias tienen para exigir que amanezca.