Cuando la tierra tiene precio y el pueblo no tiene voz: Neruda, la United Fruit y el fracking que llega
Poema de la semana, Vol. 01. La United Fruit Co. fue escrita en 1950 como parte del Canto General: un mapa poético de la explotación de América Latina por corporaciones extranjeras. Setenta y seis años después, México evalúa abrir su subsuelo al fracking. Cambian los nombres. El patrón permanece.
Cuando sonó la trompeta, estuvo todo preparado en la tierra, y Jehová repartió el mundo a Coca-Cola Inc., Anaconda, Ford Motors, y otras entidades: la Compañía Frutera Inc. se reservó lo más jugoso, la costa central de mi tierra, la dulce cintura de América.
El hilo con el presente
Sheinbaum crea comité científico para evaluar fracking en México (abril 2026)
En 1950, Pablo Neruda escribió el inventario poético de un saqueo. La United Fruit Co. no es un poema de protesta — es un acta notarial escrita en verso. Documenta cómo las corporaciones del norte se repartieron América Latina con la misma naturalidad con que un dios reparte continentes. Setenta y seis años después, México discute si abrir su subsuelo al fracking. Los nombres cambian — ya no es la United Fruit, sino Pemex contratando tecnología extranjera; ya no son bananos, sino gas de lutitas — pero el patrón permanece: alguien decide qué se extrae del territorio de alguien más.
El poema como cartografía del despojo
Neruda no eligió la denuncia frontal. Eligió la ironía bíblica. El poema abre con una trompeta — como el Génesis, como el Apocalipsis — y presenta el reparto de América Latina como un acto divino invertido: Jehová entregando países a Coca-Cola, Anaconda y Ford Motors. La United Fruit "se reservó lo más jugoso, / la costa central de mi tierra, / la dulce cintura de América". No hay violencia explícita en estos versos. No hace falta. La violencia está en la naturalidad con que se narra: el despojo como orden natural, la extracción como destino manifiesto.
La genialidad del poema radica en que no describe un evento — describe un sistema. No cuenta la masacre de las bananeras en Colombia (1928) ni el golpe de Estado en Guatemala (1954), aunque ambos están contenidos en su sombra. Cuenta algo más difícil de ver: la estructura que hace posible que esas cosas ocurran y se repitan.
De la cintura de América al subsuelo del norte
Cuando Neruda escribió "la dulce cintura de América", hablaba de las costas centroamericanas: Honduras, Guatemala, Costa Rica, los países donde la United Fruit operaba plantaciones del tamaño de provincias, con ferrocarril propio, puerto propio, gobierno propio. Hoy, en 2026, la "cintura" se ha desplazado hacia el norte: las cuencas de Burgos y Sabinas, en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, donde yacen los yacimientos de gas no convencional que el comité de Sheinbaum evaluará en los próximos dos meses.
La United Fruit necesitaba tierra fértil y mano de obra barata. El fracking necesita agua — millones de litros por pozo — y comunidades dispuestas a aceptar los riesgos: contaminación de acuíferos, microsismos, enfermedades respiratorias. En ambos casos, la ecuación es la misma: los recursos se extraen del territorio de quienes menos poder tienen para negociar las condiciones.
"Repúblicas bananeras" y soberanía fracturada
El término "república bananera" — acuñado por O. Henry en 1904, popularizado por la historia que Neruda versificó — describe un Estado cuya política exterior e interior están subordinadas a los intereses de una corporación extranjera. Las repúblicas centroamericanas no eran soberanas en ningún sentido funcional: la United Fruit decidía qué se plantaba, quién gobernaba, cuánto se pagaba.
Sheinbaum insiste en que el fracking mexicano, si se implementa, será operado por Pemex — no por empresas extranjeras. "No vamos a entregar nuestros recursos naturales a extranjeros", dijo el 15 de abril. La diferencia con las repúblicas bananeras es real. Pero la pregunta de Neruda sigue vigente: ¿quién decide qué se hace con la tierra? ¿El Estado central, o las comunidades que viven sobre ella?
Que Pemex opere la extracción en lugar de Halliburton no cambia la relación de poder entre el gobierno federal y los ejidatarios de Sabinas. Si el comité científico aprueba el fracking y el gobierno lo implementa sin consulta real, la soberanía será del Estado — no del territorio. Y esa distinción es exactamente la que Neruda señaló: el problema no es de qué nacionalidad es el que extrae, sino quién paga el costo.
Lo que el poema todavía enseña
La United Fruit Co. tiene 76 años y sigue siendo incómodo. No porque sea panfletario — Neruda tenía muchos poemas panfletarios y este no es uno de ellos — sino porque describe un mecanismo que no ha dejado de funcionar. Cambian los productos (plátanos, petróleo, gas de lutitas, litio), cambian los actores (la United Fruit, Pemex, las mineras canadienses), cambian los discursos (progreso, soberanía energética, desarrollo sustentable), pero la estructura se repite: alguien extrae, alguien paga, y rara vez son la misma persona.
Leer a Neruda en 2026 no es un ejercicio de nostalgia. Es un ejercicio de reconocimiento de patrones. El Canto General no describe el pasado — describe el guion. Y cada vez que un gobierno anuncia que abrirá el subsuelo al "análisis técnico", ese guion se pone en escena otra vez.
La trompeta ya sonó. Lo que falta por ver es si esta vez alguien le pregunta a la tierra — y a quienes la habitan — si quiere ser repartida.