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JUSTICIA · ANALISIS

Canción de la Semana Vol. 02 — La maldición de Malinche: cuando el malinchismo mata

Redacción Pluma de Quetzal Periodista
4 min de lectura

"Se nos quedó el maleficio
de brindar al extranjero
nuestra fe, nuestra cultura,
nuestro pan, nuestro dinero."

En 1975, el cantautor guanajuatense Gabino Palomares compuso lo que la musicóloga Jan Fairley llamaría "una de las canciones más importantes de América Latina". La maldición de Malinche no es una canción de protesta — es un diagnóstico. El diagnóstico de un país que lleva 500 años abriendo la puerta al extranjero y despreciando lo propio.

Palomares escribió sobre los conquistadores: "Iban montados en bestias
como demonios del mal
iban con fuego en las manos
y cubiertos de metal."
Pero el golpe real viene después: "Hoy, en pleno siglo veinte
nos siguen llegando rubios
y les abrimos la casa
y les llamamos amigos."

La canción denuncia el malinchismo: la costumbre de idealizar lo que viene de fuera y despreciar lo que nace aquí. Cambiar oro por cuentas de vidrio. Nuestra cultura por sus espejos con brillo.

Cincuenta años después, la maldición mutó en algo que Palomares jamás imaginó.


"Esto se construyó para sacrificar"

El 20 de abril de 2026, Julio César Jasso Ramírez subió a la Pirámide de la Luna en Teotihuacán — patrimonio de la humanidad, uno de los sitios más sagrados de la civilización mesoamericana — y abrió fuego contra turistas de siete nacionalidades.

Mientras los mantenía sometidos, gritó:

> "Esto se construyó para sacrificar cabrones, no para que vengáis a hacer la puta fotito de mierda."

> "Vosotros que habéis venido de la puta Europa no vais a regresar. Si os movéis, os sacrifico."

En esas frases, Jasso se posicionó como defensor de lo prehispánico. Como vengador de los pueblos originarios contra el turismo extranjero. Como guardián de un espacio sagrado profanado por los visitantes.

Pero miremos lo que realmente era.


El malinchista más peligroso

Jasso no defendió nada mexicano. Cada elemento de su ataque fue importado de lo peor de la cultura estadounidense y europea:

Su fecha no la eligió por los aztecas. La eligió porque el 20 de abril es el aniversario de la masacre de Columbine (1999) y el cumpleaños de Adolf Hitler (1889).

Sus ídolos no eran Cuauhtémoc ni Cuitláhuac. Eran Eric Harris y Dylan Klebold, dos adolescentes blancos de Colorado que masacraron a 13 compañeros en su preparatoria. Jasso generó una foto con inteligencia artificial donde aparece junto a ellos y la dejó en un portarretratos en la escena del crimen — como ofrenda a sus verdaderos dioses.

Su saludo no era el puño en alto de la resistencia indígena. Era el saludo nazi. Se encontraron múltiples fotos de Jasso haciendo el saludo hitleriano.

Su playera no llevaba un símbolo mexica. Decía "Disconnect and Self-Destroy" — frase de la True Crime Community, una subcultura digital anglosajona que glorifica a asesinos masivos en foros de internet en inglés.

Sus notas no estaban escritas en náhuatl. Estaban inspiradas en los diarios de Harris y Klebold, que Jasso estudió con devoción de converso.

Su método no era el sacrificio ritual que invocó. Era el tiroteo masivo — la exportación cultural más letal de Estados Unidos, un fenómeno que ha generado más de 70 ataques imitadores y más de 300 muertos en todo el mundo.

Su final fue el mismo que el de Harris y Klebold: se quitó la vida. No como un guerrero águila. Como un copycat.

Jasso gritó que las pirámides "se construyeron para sacrificar", pero el único ritual que ejecutó fue un guion escrito en Littleton, Colorado, en 1999. Les dijo a los turistas que "no iban a regresar a Europa", pero el que nunca salió de la ideología gringa fue él.


La maldición actualizada

Palomares cantó: "Se nos quedó el maleficio
de brindar al extranjero
nuestra fe, nuestra cultura,
nuestro pan, nuestro dinero."

Jasso le entregó al extranjero algo peor que la fe o el dinero. Le entregó su mente. Se radicalizó en comunidades digitales anglosajonas. Adoptó ídolos gringos. Copió un acto de violencia gringo. Y lo ejecutó en el lugar más sagrado que tiene México — mientras se creía su protector.

"Y les seguimos cambiando
oro por cuentas de vidrio
y damos nuestras riquezas
por sus espejos con brillo."

Jasso cambió la Pirámide de la Luna por el espejo con brillo de Columbine. Sacrificó lo sagrado mexicano en el altar de la violencia estadounidense. Y en su delirio, creyó que estaba haciendo lo contrario.

Esa es la maldición de Malinche en su forma más brutal: ni siquiera sabes que estás colonizado cuando ya actúas como colonizado.


El artista

Gabino Palomares (Comonfort, Guanajuato, 1950) es uno de los fundadores del movimiento de canto nuevo en México, junto a Amparo Ochoa, Óscar Chávez y Los Folkloristas. Fue Secretario General del Comité Internacional de la Nueva Canción (1982-1988) y ha compartido escenario con Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Pete Seeger.

La maldición de Malinche, grabada por primera vez en 1978 e inmortalizada por la voz de Amparo Ochoa, sigue siendo su obra más conocida — y, a juzgar por los eventos del 20 de abril de 2026, más vigente que nunca.


"Oh, maldición de Malinche,
enfermedad del presente
¿Cuándo dejarás mi tierra?
¿Cuándo harás libre a mi gente?"

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La maldición de Malinche — Canción de la Semana