Aquí abajo, abajo, cerca de las raíces: Serrat, Benedetti y los $12 mil millones del agua mexicana
Canción de la semana, Vol. 02. En 1985, Joan Manuel Serrat le puso música al poema de Mario Benedetti que dividía al mundo entre el Norte que ordena y el Sur que entrega. Cuarenta años después, las cifras del despojo del agua en México le dan la razón: las refresqueras deben $12 mil millones a CONAGUA mientras la Sierra Tarahumara raciona cada litro.
Pero aquí abajo, abajo, cerca de las raíces, es donde la memoria ningún recuerdo omite, y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible: que todo el mundo sepa que el sur también existe.
La obra
- Título
- El sur también existe
- Autoría
- Joan Manuel Serrat (música) y Mario Benedetti (letra)
- Año
- 1985
- País
- España / Uruguay
El hilo con el presente
$12 mil millones por agua que no pagaron: el saqueo que CONAGUA exhibió en marzo de 2026
Mario Benedetti volvió del exilio en 1985 con un libro y una furia ordenada. El libro se llamaba El sur también existe y juntaba un puñado de poemas escritos en doce años de no estar en Montevideo: Buenos Aires, Lima, La Habana, Madrid. La furia era la misma de siempre — la de quien aprendió, viendo desfilar dictaduras a un lado y al otro del Atlántico, que el mapa político del mundo no se mide en hemisferios geográficos sino en quién ordena y quién entrega.
Joan Manuel Serrat lo leyó y, casi de inmediato, decidió ponerle música al poema que daba título al libro. La canción salió ese mismo año, en el disco doble homónimo grabado a medias entre Madrid y México. No fue un éxito instantáneo de radio — el formato era largo, los versos no rimaban con el gusto de la época — pero se volvió himno civil en cuestión de meses. La cantó en estadios llenos en Buenos Aires, en La Habana, en Bogotá. Y, sin haberse propuesto serlo, terminó funcionando como manifiesto latinoamericano contra el orden internacional que se estaba consolidando: el Norte financiero, militar y cultural decidiendo qué se podía hacer con la tierra, el agua, el trabajo y la memoria del Sur.
El Norte ordena
La canción no es geográfica. Es una topografía del poder. «Con su corno francés y su academia, sus llaves del éxito y su denuncia, sus aristas cuadradas y sus jueces, el norte es el que ordena», escribe Benedetti. El Norte de la canción es la ONU que aprueba bombardeos, el FMI que dicta presupuestos, las multinacionales que firman concesiones de agua, los tratados comerciales que se redactan en idiomas extranjeros y se imponen como destino.
El Sur, en cambio, es lo que queda: «Pero aquí abajo, abajo, el hambre disponible recurre al fruto amargo de lo que otros deciden, mientras el tiempo pasa y pasan los desfiles y se hacen otras cosas que el norte no prohíbe.» El Sur recurre al fruto amargo de lo que otros decidieron. Vive con lo que el Norte le permite vivir. Y aprende a moverse en los márgenes de lo permitido como si fuera libertad.
Las cifras que le dan la razón
El 23 de marzo de 2026, en una conferencia matutina, el director de la Comisión Nacional del Agua, Efraín Morales López, presentó ante la presidenta Claudia Sheinbaum un diagnóstico que parecía escrito a propósito para acompañar la canción de Serrat. Las refresqueras, embotelladoras y particulares con concesiones de agua en México acumulan una deuda presunta de doce mil millones de pesos por sobreexplotar lo que la ley les concedió.
Una sola refresquera — CONAGUA no reveló el nombre porque el procedimiento sigue abierto — adeuda $234 millones. Tiene 42 concesiones sin medidor: extrae agua sin que nadie sepa cuánta. Solo en una de esas concesiones se llevó 2.8 millones de metros cúbicos — el equivalente al consumo anual de una ciudad de 40,000 habitantes. Esa empresa pagó después 52 millones de pesos para regularizar y la denuncia se quedó dormida en los pasillos.
Mientras tanto, en el norte real del país — el norte geográfico, no el simbólico —, 42 de los 61 acuíferos del estado de Chihuahua presentan déficit hídrico estructural. Es decir: se extrae más agua de la que la lluvia repone. Los municipios de Ojinaga y Manuel Benavides siguen en sequía extrema y excepcional, respectivamente. En la Sierra Tarahumara, mujeres rarámuris caminan kilómetros con cántaros sobre la cabeza para conseguir lo que las refresqueras embotellan sin medidor.
Y por encima de todo, la deuda internacional: el Tratado de Aguas de 1944 obliga a México a entregar 431.7 millones de metros cúbicos de agua al año a Estados Unidos a través del río Bravo. El Congreso de Chihuahua aprobó un exhorto pidiendo que no se entregue agua mientras persista la sequía. Washington responde pidiendo integrar el tratado al T-MEC para tener más herramientas de presión. El Norte ordena. El Sur entrega.
Aquí abajo, cerca de las raíces
El verso central de la canción de Benedetti — el que Serrat canta como si lo descubriera cada vez — dice así:
«Pero aquí abajo, abajo, cerca de las raíces, es donde la memoria ningún recuerdo omite, y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible: que todo el mundo sepa que el sur también existe.»
El Sur también existe. Existe en las comunidades de la Sierra Tarahumara que ya no esperan a CONAGUA y construyen sus propias presas comunitarias. Existe en las defensoras del agua que han sido asesinadas en Chihuahua, Sonora, Oaxaca y Guerrero por oponerse a las concesiones que el Norte firmó sin consultarlas. Existe en los abogados que litigan amparos colectivos contra empresas con 42 concesiones sin medidor. Existe en los reporteros locales que documentan, foto por foto, lo que cada refresquera saca y lo que cada comunidad pierde.
La Nueva Ley de Aguas que Sheinbaum presentó junto al diagnóstico — la que prohíbe la transmisión de concesiones entre particulares — es un primer paso. Pero las leyes en México se miden en su implementación, no en sus discursos matutinos. Mientras una sola refresquera siga acumulando 42 concesiones sin medidor y mientras la Sierra Tarahumara siga racionando, la canción de Serrat va a seguir describiendo con precisión incómoda el país que cantamos.
El sur también existe. Pero existe pidiendo el agua de regreso.