El dolor no puede sernos indiferente: León Gieco, Gaza y los 132 mil desaparecidos de México
Canción de la semana, Vol. 01. Solo le pido a Dios fue escrita en 1978, bajo la dictadura argentina, como oración civil contra la indiferencia. Casi medio siglo después, las cifras la vuelven a interpelar: 69 mil muertes documentadas en Gaza y 132,534 personas desaparecidas en México.
Solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo, sin haber hecho lo suficiente.
El hilo con el presente
La muerte que se vuelve estadística: Gaza y México en 2026
En 1978, Argentina vivía bajo una dictadura militar que desaparecía opositores por miles. León Gieco, un músico de 27 años que venía del folk rural del interior, escribió una canción que no era ni denuncia explícita ni himno de combate: era una plegaria laica. Solo le pido a Dios no pide que los tiranos caigan ni que la historia se haga justicia. Pide, apenas, que quien la canta no se acostumbre. Que el dolor no le sea indiferente. Que la muerte no lo encuentre vacío.
Mercedes Sosa la grabó en 1982, al regresar del exilio. La cantó en el Estadio Obras ante 20 mil personas pocas semanas después de Malvinas. Desde entonces ha sido traducida a más de una docena de idiomas y adoptada como himno civil en casi toda Latinoamérica. No envejece porque lo que denuncia tampoco envejece: la capacidad del ser humano para habituarse a la cifra, para ver pasar la muerte ajena como si fuera clima.
Las cifras que interpelan a la canción
En septiembre de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas publicó un informe que documenta, con base en datos del Ministerio de Salud de Gaza —reconocido por OCHA como fuente primaria verificada—, más de 69,000 muertes y más de 170,000 personas heridas desde el inicio de la ofensiva en la Franja de Gaza en octubre de 2023. Entre las víctimas fatales se contaban más de 19,000 niñas y niños. Las actualizaciones situacionales de la propia OCHA registran que, solo entre el 28 de febrero y los primeros días de marzo de 2026, se sumaron al menos 200 muertes civiles más.
A miles de kilómetros, en la mesa de cualquier familia mexicana, las cifras también crecen. El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas reportó al 2 de marzo de 2026 un total de 132,534 personas cuyo paradero aún se desconoce. El Estado de México lidera la lista con 14,697 casos vigentes, seguido por Tamaulipas con 13,684 y Jalisco con 12,568. No son listados fríos: cada número es una familia que sale a buscar, que toca puertas en fiscalías, que excava en fosas con herramientas propias porque el Estado no llega o no quiere llegar.
La reseca muerte
El verso más duro de la canción de Gieco no es el de la indiferencia. Es el siguiente: "que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo, sin haber hecho lo suficiente". Es la pregunta que nos deja a quienes leemos las cifras desde una casa tibia. Saber que 19,000 niñas y niños murieron bajo bombardeos documentados por la ONU, y seguir adelante con el día. Saber que en México desaparecen en promedio varias personas por hora, y seguir adelante con el día. La canción no juzga a quien se distrae para sobrevivir. Pregunta, nada más, cuánto de ese mirar hacia otro lado es sobrevivencia y cuánto es costumbre.
Pluma de Quetzal arranca esta sección, Canción de la semana, con Gieco porque la pregunta que él hizo en 1978 sigue en pie. Porque el oficio del periodismo, cuando se toma en serio, es una manera de no acostumbrarse. Cada martes elegiremos una canción que haya intentado romper esa costumbre —de Violeta Parra a Ana Tijoux, de Víctor Jara a Calle 13— y la leeremos contra la coyuntura de la semana. No como editorial, sino como brújula. Para recordar, con Gieco, que hacer lo suficiente no se mide en abstracto: se mide en si el dolor ajeno todavía nos interpela.