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PODER · ANALISIS

Bajan 44% los homicidios, suben 35% las desapariciones: la violencia no se redujo, cambió de método

México Evalúa cuestionó ayer la baja de homicidios oficial: las desapariciones subieron 35% desde 2018 y otros delitos contra la vida 83%. Ajustada, la reducción real de violencia letal es 22%, no 44%. Los regímenes criminales ya no necesitan matar en público.

Redacción Pluma de Quetzal Redacción Pluma de Quetzal Periodista
4 min de lectura

Entre septiembre de 2024 y febrero de 2026, los homicidios dolosos en México bajaron 44%. El promedio diario pasó de 87 a 49 muertes. Es la cifra que Claudia Sheinbaum repite en sus mañaneras como su principal logro de seguridad. Y el dato es real.

Lo que el gobierno no repite es el otro: las desapariciones subieron 35% desde 2018. Los demás delitos contra la vida —feminicidios, lesiones letales, ejecuciones que no se clasifican como homicidio— subieron 83% en el mismo periodo. Cuando México Evalúa ajustó el cálculo de violencia letal incorporando esos datos, la "baja de 44%" se redujo a una caída real del 22% — la mitad de lo presumido.

El informe lo publicó la organización el 5 de mayo. La frase que cierra la lectura es la que vale la nota: los regímenes criminales ya no necesitan matar en público para imponer su ley. Controlan el territorio.

La aritmética del cuerpo y del nombre

México llegó en marzo de 2026 a 132,534 personas registradas como desaparecidas según el Registro Nacional. Es la cifra oficial del Estado. Y crece todos los días.

  • 40 desaparecidos por día durante el primer año de Sheinbaum (octubre 2024 a octubre 2025).
  • 1.6 por hora.
  • 14,765 nuevos casos en ese año, 16% más que el último año de López Obrador.
  • 51% del total nacional histórico se registró en los sexenios AMLO + Sheinbaum: 67,482 desapariciones en seis años y medio. Más que las acumuladas de Calderón (16,903) y Peña Nieto (32,532) juntas.

Cuando el Estado mexicano sale a celebrar que mata menos, no aclara que la cifra de gente que simplemente no aparece sigue creciendo. Los desaparecidos no entran en el conteo de homicidios. Pero entran en las fosas. Y en el silencio.

Los regímenes criminales y el territorio

México Evalúa nombra el fenómeno de manera precisa: regímenes criminales. Es decir, organizaciones que ejercen un control tan firme sobre un territorio que ya no necesitan recurrir al asesinato público —el cuerpo en la calle, la ejecución mediática— para imponer su ley. La violencia se administra: cobran derecho de piso sin disparar, deciden quién entra y quién sale, secuestran y desaparecen sin que el Estado lo registre como homicidio.

Sinaloa lidera la tasa nacional con 5.8 desaparecidos por cada 100,000 habitantes: 7,027 personas registradas como desaparecidas hasta febrero de 2026, en un solo estado. Sonora le sigue con 5.1 por cada 100,000. Son los dos estados donde la administración Sheinbaum ha concentrado más operativos federales y, paradójicamente, los dos estados donde el control territorial criminal se ha consolidado de manera más visible.

No es que el operativo no llegue. Es que llega después. Y desaparece.

El costo humano: 31 de cada 100 son menores

El dato que más duele del Registro Nacional, publicado el 2 de mayo: 31% de las mujeres desaparecidas en México son menores de 18 años. Tres de cada diez. Es decir, una de cada tres mujeres que el Estado mexicano no puede encontrar es una niña o adolescente.

A cinco días del 10 de mayo —fecha que el comercio convierte en venta de molcajetes y desayunos— las madres de los colectivos de búsqueda saldrán a marchar otra vez. Saldrán con la pala que ellas pagaron. Cargan agua, comida, fotos del hijo o la hija. Han encontrado más restos que cualquier institución oficial. Sin pago. Sin escolta. A veces, sin regresar.

Lo que el gobierno no dice

El gobierno de Claudia Sheinbaum, con razón, presume el descenso de homicidios dolosos. Es un avance real. Es la cifra más visible —los muertos en las morgues— y bajó de 87 a 49 por día. Para las familias que se quedan, la diferencia entre un país con 87 homicidios al día y uno con 49 es enorme.

Pero presumir el descenso sin discutir las desapariciones es contar la mitad de la historia. Si la violencia letal real bajó 22% y no 44%, y si las desapariciones absorben el resto, lo que está pasando no es pacificación: es cambio de método. La narrativa oficial omite ese matiz porque admitirlo desarmaría el principal argumento político del sexenio.

La presidencia tiene autoridad para mostrar la curva de homicidios. También tiene la obligación de mostrar la curva de desapariciones, los cuerpos no identificados, y la tasa de violencia ajustada. No lo está haciendo.

Lo que la oposición tampoco resuelve

Cuando el PAN y el PRI gobernaron, las desapariciones eran ya una crisis. Calderón cerró su sexenio con 16,903; Peña con 32,532. La oposición que hoy critica a Sheinbaum gobernó durante la consolidación de los cárteles, la guerra fallida contra el narco, y el silenciamiento sistemático de las víctimas. La curva creció con ellos también.

No hay propuesta opositora seria sobre fortalecimiento del Registro Nacional, sobre presupuesto para fiscalías de búsqueda, sobre laboratorios forenses, sobre escolta para colectivos. Los partidos critican el dato; ninguno propone los recursos para revertirlo.

En México, las desapariciones no son un debate de partido. Son un fracaso de Estado, repartido entre todos los gobiernos.

Las preguntas incómodas

Para el gobierno: Si la baja de homicidios es real, ¿por qué no se publica simultáneamente la curva de desapariciones, feminicidios y lesiones letales? ¿Cuándo se reconoce que los regímenes criminales no son una metáfora? ¿Cuándo se equipara el presupuesto de fiscalías de búsqueda al de comunicación social?

Para la oposición: Treinta años de su gobierno produjeron la base de la crisis. ¿Cuál es la propuesta concreta —en pesos, en estructura, en personal— para revertirla? Si gobernaran mañana, ¿cómo encontrarían a los 132,534?

Para el lector: Cuando el gobierno presume seguridad y la organización civil cuestiona, ¿qué se cree? ¿La cifra que se ve o la cifra que se ausenta?

La curva de homicidios bajó. La curva de desaparecidos no. La violencia no se fue de México. Cambió de método.

¿Cuántos cuerpos hacen falta para que dejemos de medir solo los que aparecen?