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TRABAJO · DATOS EN CONTEXTO

Diésel a $28: el «acuerdo histórico» que apenas baja 40 centavos

Redacción Pluma de Quetzal Redacción Pluma de Quetzal Periodista
4 min de lectura

Diésel a $28: el «acuerdo histórico» que apenas baja 40 centavos

El 21 de abril de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció un acuerdo con gasolineros para fijar un tope de $28 pesos por litro al diésel. Lo presentó como un logro de negociación. Los medios lo calificaron de «histórico». Pero los números cuentan otra historia.

El diésel ya se vendía a $28.40 promedio nacional. El «tope» apenas representa una reducción de 40 centavos. Y en muchas partes del país, el combustible se sigue vendiendo por encima de $30 el litro. Profeco anunció multas para las gasolineras que incumplan, pero la realidad en las bombas es otra.

Del 81% al 33%: el subsidio que desaparece en silencio

Lo que no se dice en la conferencia es que el propio gobierno ha reducido el estímulo fiscal al diésel de manera acelerada durante abril. A principios de mes, Hacienda subsidiaba el 81.2% del IEPS al diésel — $5.97 pesos por litro. Para la última semana de abril, el subsidio cayó a 33.22%.

Es decir: mientras Sheinbaum anuncia un tope al precio, Hacienda le quita el subsidio que mantenía ese precio bajo. Con una mano pone el techo; con la otra quita el piso. El resultado es que el costo fiscal se transfiere al consumidor, y el «acuerdo» se sostiene con la buena voluntad de los gasolineros, no con una política de Estado.

Este recorte no es caprichoso. El gobierno enfrenta presiones presupuestales serias. La guerra entre Estados Unidos e Irán disparó los precios internacionales del petróleo, y mantener subsidios amplios al combustible cuesta miles de millones de pesos que el erario ya no tiene disponibles sin comprometer otros rubros.

Cada peso que sube el diésel encarece 4% los fletes

El diésel no es un combustible cualquiera. Es el motor de la economía física de México. Mueve el 56% de la carga terrestre del país. Alimenta tractores, maquinaria agrícola, generadores industriales y buena parte del transporte público.

Según la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), por cada peso que sube el diésel, los fletes aumentan un 4%. Ese incremento no lo absorbe el transportista — lo traslada al distribuidor, el distribuidor al comerciante, y el comerciante al consumidor. El efecto dominó termina en el precio del jitomate, la leche, el huevo y el pan.

El 36.6% de los consumidores mexicanos reporta «asfixia económica» vinculada directamente al alza de combustibles, según una encuesta de abril de 2026. No es una percepción subjetiva: es el efecto real de que llenar un tanque de diésel cueste más de $1,500 pesos.

La canasta básica ya cuesta $2,106 por persona

La conexión entre diésel e inflación no es teórica. La canasta alimentaria del Coneval cuesta $2,106.45 por persona al mes en abril de 2026. Para una familia de cuatro, eso son $8,425 pesos — más que el salario promedio de $7,674.

En estados donde el diésel es más caro, la canasta también lo es. Chihuahua, donde el combustible supera los $30 por litro, tiene una canasta 4% más cara que el promedio nacional: $2,191.50 por persona. El Estado de México llega a $2,485.50. La geografía del diésel caro es la misma que la de la comida cara.

Lo que el gobierno hace bien — y lo que no dice

Es justo reconocer que el gobierno actuó. El acuerdo con gasolineros existe. Los estímulos fiscales, aunque menguantes, siguen amortiguando el golpe. El programa «No cargues aquí» de Profeco exhibe públicamente a las gasolineras que cobran de más. No son acciones triviales.

Pero hay una diferencia entre gestionar una crisis y resolverla. El tope de $28 es un parche temporal que depende de la voluntad de los gasolineros y de la capacidad fiscal del gobierno para seguir subsidiando. No es una política energética. No ataca la dependencia de México de los precios internacionales. No diversifica la matriz de transporte. No protege estructuralmente al consumidor.

Y lo más importante: no se dice con claridad que el subsidio al IEPS pasó de 81% a 33% en tres semanas. Esa caída silenciosa es la que explica por qué el diésel sigue caro a pesar del «tope».

Las preguntas incómodas

Para el gobierno: ¿Cuánto tiempo puede sostenerse un tope de precio que depende de la buena fe de los gasolineros? Si el subsidio al IEPS sigue bajando, ¿quién paga la diferencia — el erario o el consumidor? ¿Por qué no se comunica con transparencia la reducción del estímulo fiscal?

Para la oposición: ¿Cuál es su propuesta energética alternativa? Durante sus administraciones, el precio de los combustibles subió más y el subsidio fue menor. Los «gasolinazos» de Peña Nieto son memoria fresca. ¿Con qué cara critican?

Para la sociedad: El diésel a $28 suena razonable hasta que entiendes que hace tres años costaba $22. Cada litro de más se convierte en un peso más en el kilo de tortilla, en el pasaje del camión, en la factura del flete que surte tu tienda de la esquina. El diésel no lo usa tu carro — lo usa todo lo que llega a tu mesa.

El acuerdo es un gesto político. Lo que México necesita es una política energética que no dependa de parches semanales, negociaciones de último minuto y subsidios que desaparecen sin aviso. Mientras eso no exista, cada viernes Hacienda decidirá cuánto le cuesta tu comida.