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TRABAJO · DATOS EN CONTEXTO

45°C y sin seguro médico: la onda de calor mata a quienes trabajan bajo el sol

26 estados bajo onda de calor extrema. En 2024 murieron 329 personas por golpe de calor — la mayoría trabajadores informales sin IMSS, sin contrato y sin derecho a parar. El 54.3% de la fuerza laboral no tiene protección.

Redacción Pluma de Quetzal Redacción Pluma de Quetzal Periodista
3 min de lectura

Mientras lees esto, 26 estados de México están bajo una onda de calor que no cede desde el 23 de abril. Las temperaturas alcanzan los 45°C en el norte y superan los 35°C en el centro del país. La Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) activó la quinta contingencia ambiental del año en el Valle de México —un récord para abril— y el pronóstico no mejora hasta después del 30 de abril.

Pero el dato que nadie pone en portada es este: de los 329 mexicanos que murieron por calor extremo en 2024, la inmensa mayoría eran trabajadores informales expuestos al sol sin protección, sin seguro médico y sin derecho a parar.

Las cifras que el calor esconde

La temporada de calor 2024 dejó 3,986 casos de enfermedades por calor y 329 muertes en todo el país, según la Secretaría de Salud. De esas muertes, 304 fueron por golpe de calor directo y 25 por deshidratación severa. Los estados más letales: Veracruz (79 muertes), Baja California (47), Sonora (47), Oaxaca (24) y Tabasco (24).

La temporada 2025 arrancó con cifras similares: 7 muertos confirmados y 335 casos atendidos solo en las primeras semanas. Y 2026 apenas comienza su primera onda fuerte.

Lo que estos números no dicen es quiénes mueren. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el estrés térmico afecta de manera desproporcionada a trabajadores de construcción, agricultura y transporte —precisamente los sectores con mayor informalidad en México.

54.3% sin protección: el mapa de la vulnerabilidad

México tiene 54.3% de su fuerza laboral en la informalidad: más de 32 millones de personas que trabajan sin contrato, sin IMSS, sin incapacidad por enfermedad y, en muchos casos, sin siquiera acceso a agua potable en su lugar de trabajo.

Un albañil en Hermosillo a 45°C no tiene la opción de «tomar un descanso». Un jornalero agrícola en Veracruz a 38°C con 90% de humedad no puede llamar a su médico del IMSS porque no tiene uno. Una vendedora ambulante en la CDMX bajo contingencia ambiental extraordinaria no puede quedarse en casa porque si no sale, no come.

La Secretaría del Trabajo (STPS) emite recomendaciones cada temporada de calor: «permitir pausas adicionales», «reducir jornadas en exteriores», «proveer agua y sombra». Pero ¿a quién le recomiendas pausas cuando el 54% de los trabajadores ni siquiera tiene un patrón formal al cual exigirle?

La brecha térmica: quien tiene aire acondicionado y quien no

Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), solo el 18.6% de los hogares mexicanos tiene aire acondicionado. En los estados más calurosos del norte, la cifra sube al 60-70%, pero en el sur —donde las muertes por calor también se acumulan— baja a menos del 10%.

Hay una correlación directa entre ingreso y supervivencia al calor extremo. Los hogares del decil más bajo de ingreso tienen 12 veces menos probabilidades de tener climatización que los del decil más alto. La onda de calor no es democrática: mata pobres.

¿Qué haría falta?

La OIT ha advertido que para 2030, el estrés térmico podría eliminar el equivalente a 80 millones de empleos de tiempo completo a nivel mundial. México, con su combinación de calor extremo, informalidad masiva y protección laboral débil, está en la primera línea de esa crisis.

Lo mínimo: una NOM (Norma Oficial Mexicana) específica para trabajo en condiciones de calor extremo —que no existe—, inspecciones laborales reales en temporada de calor, y un programa de acceso a agua y sombra en zonas de trabajo informal. Nada de esto está en la agenda legislativa de 2026.

Mientras tanto, la onda de calor sigue. Los 26 estados siguen ardiendo. Y los que mueren por calor siguen siendo los mismos de siempre: los que no pueden pagar el lujo de estar bajo techo.